"Para que adquiramos un corazón sensato" (Sal 90,12)

Ahora que acabamos de pasar página del mes y del año del calendario, cuando se abre ante nosotros un Nuevo Año, un tiempo de gracia y de novedad, debemos pedir con el salmista: "Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato" (Sal 90,12). Aprender a ver los días del año a la luz del amor misericordioso de Dios Padre, que todo lo llena de vida, y al mismo tiempo verlo desde nuestra debilidad y brevedad (cf. Sal 39,5). La forma en que se debería evaluar un año tiene mucho que ver con si fuimos capaces de amar, de perdonar, de experimentar la alegría, de aprender cosas nuevas, de doblegar nuestros egoísmos, de compartir gratuitamente con alguien... sin tener miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar alguna estrategia para cambiarla. Ser feliz es una decisión, no lo olvidemos.

Con estos criterios, cabe preguntarse qué hacer para poder construir un buen año 2014, ya que todos estamos en el camino de superar las dificultades, de aprender cada día a ser mejores y de entender que vinimos a la existencia para amar, dejar huella, y ser felices.

Amar a Dios y al prójimo todos los días del nuevo año y de nuestra vida. La Escritura nos dice que "el principio de la sabiduría es el temor del Señor" (Sal 111,10). Venerar, amar, rezar, acoger su Palabra... y ser buenos samaritanos hacia todos aquellos que encontremos por el camino de la vida. ¡Todo está abierto para el amor!

Dejar huella, es como decir que tendremos que aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento personal y social. El trabajo, sea remunerado o no, dignifica el espíritu y nos hace bien en nuestra salud. Por eso debemos esperar ardientemente que la economía se recupere y que muchos más puedan encontrar el trabajo que los dignifique, sin depender de ayudas. Tenemos que poder cansarnos porque eso quiere decir que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos, pues para dormir, tendremos siglos después.

Ser felices, libres, desplegar todas las potencialidades que llevamos dentro... Valoremos la libertad como una forma de vencerse a uno mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que tenemos que hacer, con alegría, y cultivar la fuerza de voluntad, el espíritu de sacrificio y abnegación, este maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas ante cosas mejores por venir. Tratemos de crecer en la dimensión espiritual. La apertura a la trascendencia y dar sentido a lo que hacemos, tiene que ver con "la inteligencia espiritual " (F. Torralba). Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso al diálogo, a los encuentros familiares y con amigos, dentro y fuera de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de la familia. Seremos felices no porque desaparezcan los problemas (estar vivo es siempre tener nuevos problemas...) sino porque aprenderemos a enfrentarlos "con la sabiduría del corazón". Las alegrías, cuando se comparten, se hacen más grandes, y en cambio, con las penas pasa al revés, se hacen más pequeñas. Quizá lo que ocurre es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Para el 2014 pidamos un corazón grande, lleno de fe, para disfrutar de las alegrías y porque las penas no nos hagan daño. ¡Un Feliz Año 2014!