"Que Dios tenga piedad y nos bendiga"

¡Feliz Año Nuevo a todos! ¡Feliz año 2012, de la Encarnación de Cristo,
lleno de las bendiciones del Señor!
¡Que sea un tiempo para amar, hacer el bien y dar gloria a Dios!
¡Un tiempo para ir dando frutos de vida eterna!

Dios Creador y Señor de la historia,
Dios que todo lo puede y todo lo lleva a la perfección,
nos sigue acompañando y bendiciendo.
No reniega de sus hijos, podemos estar seguros.
Contamos con su amor, que todo lo cura,
con su perdón y su compromiso hacia sus criaturas,
que todo renueva y llena de esperanza.

Nosotros somos sus hijos y el pueblo que Él mismo guía.
Cada día del nuevo año que hoy comienza
seremos conducidos por su Amor Providente.
Podemos confiar que estamos destinados a vivir en la alegría,
recordando y saboreando las obras del Señor,
y teniendo los ojos bien abiertos para captar su presencia,
silenciosa y humilde, pero bien real.
Que cada noche podamos proclamar la acción de gracias
por la tarea cumplida,
y por la fidelidad obediente a Dios.

Este año tiene que ser año de solidaridad y servicio
hacia los que lo pasan peor, debido a la crisis.
Y eso reclama generosidad y caridad renovadas.
Contamos con que el Espíritu se nos da abundantemente,
y con su luz atrayente y su impulso suave,
seremos defendidos por Él y encaminados pacientemente a la Verdad.
¡Él nos hará fieles discípulos de Cristo,
testigos gozosos y llenos de esperanza
para que nuestro mundo crea y sepa que Cristo nos ha salvado!

Oremos con la liturgia y digámosle:
«Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras,
para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente,
y tienda siempre a ti, como a su fin»

"Que Dios tenga piedad, y nos bendiga;
ilumine su rostro sobre nosotros",
y nos llene de paz y de alegría, todos los días de nuestra vida.

¡A todos os deseo un feliz Año Nuevo!

¡Santa fiesta de Navidad!

"Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra."(Mt 2,10-11)

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¡Hoy es Navidad!
y toda la Diócesis nos unimos en un abrazo fraterno.
Cristo viene para hacernos sus hermanos.
Cristo viene con sus dones y su Paz,
y quiere ser acogido y amado.
¡Recibámoslo como Él se merece!
¡Abrámonos a su gracia y a su luz!
¡Sirvámoslo en la persona del prójimo!

Este año se unen la memoria del Nacimiento de Cristo
con la fiesta del domingo, que es jornada de Resurrección.
Navidad es el inicio del perdón y la vida para siempre.
¡Nace una vida débil, un Dios hecho ternura en un Niño,
para darnos la Vida que no morirá jamás!
Él toma de nosotros la debilidad
y nos regala gratuitamente la inmortalidad.
Agradezcamos este intercambio de Vida.

A todos os deseo que la fe en Cristo,
el Salvador de la humanidad,
ilumine vuestros corazones y os llene de alegría,
en esta gozosa fiesta de la Navidad del Señor.
Que nos conduzca, como a los Magos, a ofrecerle todo lo que somos,
y a dar testimonio valiente de nuestra fe
con obras de caridad.

¡Feliz Navidad a todos!

"El Señor Dios llega con poder"

Estamos ya muy cerca de la Navidad. Y el clamor del profeta es siempre el mismo: "El Señor Dios llega con poder" (Is 40,10). Y más adelante lo explicita con alegría para todo el pueblo: "¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!" (Is 60,1). Estamos llamados a ser un pueblo que refleja la gloria del Señor, que lo hace todo por dar gloria de Dios. Palabras proféticas que nos ayudan mucho a preparar la llegada ya inminente del Señor Jesucristo, el Salvador que el Padre envía, que "por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre", para que la humanidad reencontrara la vida y se llenara de gracia y esperanza.
"El Señor Dios llega con poder". Parece que sea sólo una descripción. Y lo mismo ocurre con la celebración de la Navidad, que puede parecer una simple conmemoración de un hecho histórico del pasado, por más que algunos atrevidos quisieran negarlo. Con todo, va mucho más allá, tiene consecuencias en nuestro presente. La Navidad es el anuncio de la salvación para quien acoja, hoy, la Buena Nueva. Para captarlo más profundamente necesitamos esperar y confiar totalmente en Dios, ser humildes y dejarnos transformar por Dios mismo; ser pequeños y humildes como los pastores y hacer caso del anuncio del ángel: "Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor" (Lc 2,11). Cuando uno se encuentra solo, cansado y fracasado, cuando a las personas nos toca comer el pan de la tristeza, la pobreza de una crisis injusta y las opresiones, cuando probamos el veneno del pecado y de la muerte, cuando todo parece teñido por las tinieblas, y que los poderes oscuros del soberano de este mundo nos engañan y aparecen como verdaderos y triunfantes... entonces es cuando entendemos que el anuncio de la llegada del Señor, es salvación, ya que es bálsamo, alegría inmensa, verdad que ilumina y juicio justo. Y se hacen verdaderas las palabras del Magnificat de la Virgen María, alabando a Dios que "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos" (Lc 1,52-53).
"El Señor Dios llega con poder". Necesitamos reavivar las brasas de nuestro fuego de creyentes, para que nos halle a punto para recibirlo. No podemos cerrarnos a la luz divina que se aproxima, sino que necesitamos abrirnos al perdón que Jesús nos ofrece a través de la Iglesia. Nos equivocaríamos si dejáramos pasar la oportunidad de cambiar y de mejorar las relaciones entre los miembros de nuestra familia, y con todo el mundo. Llega el Señor: reconstruyamos los puentes del diálogo, la reconciliación y el amor. Y hagamos caso de Cáritas que esta Navidad nos recomienda "vivir sencillamente, para que los otros puedan, sencillamente, vivir".
"El Señor Dios llega con poder". Un poder inmenso, infinito... de amor. ¡Dejemos que se impregnen en nuestro interior las palabras del ángel a la Virgen María: "Para Dios nada hay imposible" (Lc 1,37), porque Dios lo puede todo! Él es el Amor, que se hace pobre, humilde y débil, y que se deja crucificar por la salvación de todos. ¡Dios puede y quiere cambiar los corazones más endurecidos y el mundo más tenebroso! María creyó, aceptó la misión, confió en que Dios encontraría la manera de hacer realidad su voluntad y que ella podía cooperar, aunque no lo comprendiera todo, que eso es creer: fiarse de Dios y de su poder misterioso. ¡Velemos y oremos! ¡Preparemos con un corazón arrepentido la Navidad ya próxima! ¡Invoquemos a la Virgen de la Esperanza, que nos enseñará a preparar bien la gozosa fiesta de la Navidad!

Preparemos la Navidad con obras de amor

Vivimos tiempos de crisis muy duros. El paro ha llegado a cifras escalofriantes, casi cinco millones de personas desempleadas en España, gente que no encuentra un trabajo digno, ni seguro, ni duradero... ni futuro. Falta esperanza. Y más de un millón y medio de hogares tienen a todos los miembros de la familia sin trabajo. Podemos imaginar lo que esto significa, especialmente si pensamos en los jóvenes o en los que viven de una pequeña pensión. Una realidad triste, oscura, que los amigos de Jesús, que queremos preparar su venida, no podemos olvidar de ninguna manera. Ya sé que lo hacéis, pero tenemos que intensificar nuestra solidaridad, compartiendo aún más en estos días lo que tenemos.

El profeta Isaías, que nos acompaña tanto en este tiempo de Adviento, reclama con fuerza: "Comparte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste de fiesta el que va desnudo. No les rehuyas, que son tus hermanos. Entonces brillará tu luz como el amanecer, y tus heridas se cerrarán en un momento. Tendrás por vanguardia tu bondad, y por retaguardia la gloria del Señor" (Is 58,7-8). ¡Si amamos, con obras y de verdad, viviremos en la luz, y daremos gloria a Dios!

Deberíamos repasar lo que los Obispos de Cataluña proponíamos en nuestro documento de enero de este año "Al servicio de nuestro pueblo" (cfr. n. 4,g). La crisis económica tan grave que sufrimos atraviesa todo el mundo y golpea a personas y poblaciones haciendo más patente la precariedad de nuestra sociedad globalizada, que parece escapar al control de los estados y de las demás instituciones. Y lo hemos comprobado muy bien en Cataluña y en el resto de España en estos largos últimos meses. Las medidas para paliar la crisis que se están tomando y que han acabado afectando sobre todo a los más débiles y necesitados, reclaman que a la vez sea ejemplar la lucha contra el fraude, que se promueva la creación de nuevos puestos de trabajo y que la solidaridad continúe aumentando. Sólo desde la austeridad y la solidaridad encontraremos caminos de salida y de esperanza para los más afectados por la crisis económica, con una redistribución más justa de la riqueza y un ejercicio de las virtudes económicas, como la austeridad, la solidaridad y la promoción de actividades económicas verdaderamente productivas y respetuosas con la dignidad de la persona humana.

Debemos valorar mucho todo lo que se está haciendo desde nuestras comunidades parroquiales y las instituciones solidarias, especialmente desde Cáritas y otras instituciones de ayuda, con tantos voluntarios movilizados y tantas personas, que están poniendo los recursos pastorales y de asistencia que la Iglesia tiene a su alcance, al servicio de los afectados por la crisis. Es necesario que mantengamos este trabajo caritativo, y si puede ser lo aumentemos, con nuevas iniciativas que promuevan la solidaridad y la justicia, al tiempo que incentiven las actividades empresariales responsables para mantener y ampliar los puestos de trabajo. Todos debemos continuar en el camino del servicio y la entrega generosa hacia los que más lo necesitan. Y es hora, también, de mirar adelante y trabajar más esforzadamente pensando en las generaciones futuras. Todos los agentes sociales -autoridades, empresarios, dirigentes, trabajadores- no podemos decaer en el esfuerzo, a pesar de la dureza de las circunstancias, y tenemos que trabajar con esperanza, haciéndolo de acuerdo con los grandes valores humanos y cristianos. En este punto, sabemos que toman vigencia y actualidad los principios orientativos de la Doctrina Social de la Iglesia, de los que es tiempo de hacer un nuevo descubrimiento y una nueva difusión.

Jesús quiso nacer pobre, en un pesebre, y fue acogido en primer lugar por los pobres. Así nos enseña a valorar y amar todas las personas, y desde luego a los últimos de la sociedad. Así, sin herir, se acerca a toda persona humana, para salvarla desde la humildad. Al mismo tiempo, con sus palabras y sus gestos de amor, nos anima a luchar para vencer las pobrezas, que son un mal, y a trabajar para que el Reino de Dios avance, Reino de justicia, de amor y de paz.

Preparemos la Navidad con una referencia constante de ayuda hacia los pobres, los que viven atrapados por la crisis o sin esperanza. "No les rehuyas, que son tus hermanos", nos dice el profeta.