Los sacerdotes-apóstoles nos dan la Eucaristía (5)

Cristo Resucitado sigue alimentando a su pueblo a través del ministerio de los sacerdotes-apóstoles. Acerquémonos a la relación tan grande que hay entre los sacerdotes-apóstoles y el sacramento de la Eucaristía, que es presencia real y amorosa del Señor Resucitado. La Pascua nos lo vuelve a recordar y nos lo hace celebrar con alegría, especialmente en este Año sacerdotal.

El "sacramento de la caridad" que es la Eucaristía, es la donación que Jesucristo hace de sí mismo, y que nos revela el amor infinito de Dios para cada persona. En la última cena Jesucristo amó a los suyos "hasta el extremo" (Jn 13,1) y quería perpetuar ese amor hasta el fin de los tiempos. Por esto eligió unos hombres que, obedientes a su mandato de perpetuar su memorial (cf. Lc 22,19), continuaran repartiendo su Pan de Vida a la humanidad. Pascua, sacerdocio y Eucaristía están muy entrelazados. El Catecismo lo resume de forma precisa (n º 611): "La Eucaristía que Jesús instituyó en ese momento será el "memorial" de su sacrificio (1 Cor 11,25). Jesús incluye a los apóstoles en su propia ofrenda y les manda perpetuarla. Así Jesús instituye a sus apóstoles sacerdotes de la Nueva Alianza: 'Por ellos me consagro a mí mismo para que ellos sean también consagrados en la verdad' (Jn 17,19) ".

Nadie puede decir "esto es mi cuerpo" y "éste es el cáliz de mi sangre" si no es en el nombre y en la persona de Cristo, el único Sacerdote de la nueva y eterna Alianza. El sacerdote presenta a Dios la oración de la Iglesia y ofrece en nombre de toda la Iglesia el sacrificio eucarístico, agradable a Dios. Pero sobre todo actúa en la persona de Cristo, y debe ser muy humilde para no creerse que es el centro, sino dejar que el centro sea Cristo. Ha recibido un gran don y lo ha de transmitir mientras tenga un pábilo de vida, a todos los que el Señor mismo le ha confiado. Ya no se pertenece a sí mismo, la Eucaristía le ha desposeído de sí, para ser "comido" por los fieles y por todos los hombres, especialmente por los más pobres. El ministerio sacerdotal reclama darse del todo, como el mismo Cristo que se da en la Cruz y se da en el sacrificio eucarístico para ser comido y salvar el mundo.

La Eucaristía es acción de gracias y alabanza al Padre. Es memorial sacrificial de Cristo y de su Cuerpo. Y es presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su Espíritu (cf. Catecismo n º 1358). Por eso reconocemos que es "fuente y culmen de toda la vida cristiana" (LG 11). Los otros sacramentos, así como todos los ministerios eclesiales y las tareas apostólicas, están vinculados a la Eucaristía y ordenados a ella. Porque la Eucaristía contiene todo el tesoro espiritual de la Iglesia, que es Cristo mismo, nuestra Pascua "(PO 5).

Si nos sabemos mendicantes necesitados del Pan eucarístico que nos fortalece y da Vida verdadera, debemos estar muy reconocidos de poder tener la presencia eucarística y poder comer el Cuerpo del Señor con asiduidad. Por todo ello conviene que agradezcamos el ministerio de los sacerdotes-apóstoles. Ellos son un gran tesoro para la fe y la caridad. Y a través de ellos, Cristo el Buen Pastor, sigue conduciéndonos y ayudándonos. Oremos por los sacerdotes y por aquellos que se preparan en los Seminarios a la ordenación, que sientan la responsabilidad de que su amor a Cristo Eucaristía se haga visible y significativo para todo el pueblo cristiano.