"Ellos han vencido por la sangre del Cordero y por el testimonio de su martirio" (Ap 12,11)

La beatificación en Tarragona el próximo día 13 de octubre de 522 mártires de la persecución religiosa durante la contienda civil española del siglo XX, nos llena de una alegría serena y profunda. Ellos dieron generosamente su vida por amor a Cristo y a su Iglesia. De forma injusta y cruel les fue arrebatada su vida en la tierra, pero su sacrificio no se podía perder, ya que ellos triunfaban mientras eran martirizados. Ahora son bienaventurados, cantan en el cielo la gloria del Señor, el Rey de los Mártires, reciben el reconocimiento de la Iglesia que los declara hijos escogidos y llenos de virtud, e interceden por todos nosotros, mientras continúan mostrándonos el camino estrecho de la fidelidad a Dios.

En el Año de la fe necesitamos admirar la belleza de sus testimonios que nos harán más valientes a nosotros, y más semejantes a Dios Padre misericordioso. Ellos perdonaron a sus verdugos, como Jesús en la Cruz, y nos enseñan a ser portadores de reconciliación y de paz. Nunca más la persecución por ideas o creencias, nunca más las luchas entre hermanos, y que brille siempre el respeto mutuo, la libertad y la comunión entre todos los hombres y los pueblos. Que la sangre de nuestros amados mártires y los sufrimientos de tantas personas inocentes nos aporten gracia, santidad, perdón, esperanza y amor sacrificado.

A partir del día 13, la Iglesia de Urgell contará con 10 nuevos beatos mártires, nacidos a la fe en nuestra Diócesis y con caminos vocacionales y de servicio diferentes y enriquecedores, entre ellos un sacerdote diocesano y nueve religiosos. Son potentes faros que nos indican el camino de la santidad. Debemos conocerlos y amarlos. Son de nuestra familia diocesana y de la Iglesia universal. Recémosles en nuestras necesidades y honremosles en sus Parroquias de origen.

Sus nombres están inscritos en el "libro de la vida del Cordero degollado" (Ap 13,8) y los queremos recordar, amar y honrar de corazón. Son: Mn. Pau Segalà, presbítero diocesano de Urgell que era Ecónomo de Mont-roig (Els Plans de Sió) al sufrir el martirio, y su hermano el P. Francisco de la Asunción Segalà, carmelita, a quienes fusilaron juntos en Lleida; el P. Ramon Oromí, hijo de la Sda. Familia; el P. Antoni Carmaniu, paúl; el Hno. Sebastián Balcells, claretiano, los 3 PP. Robert Grau, Joan Roca y Raimon Lladós, monjes benedictinos de Montserrat; el Hno. Joaquín (Leonci Joaquín) Pallerola, hermano de las Escuelas Cristianas, y el hermano marista Aquiles (Baldomero) Baró. "Estos son los que vienen de la gran tribulación -dice la Escritura-. Han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero y las han blanqueado" (Ap 7,14).

Nos recordaba el Concilio Vaticano II: "Es un deber de la Iglesia hacer presente y casi visible a Dios Padre y a su Hijo encarnado, renovándose y purificándose sin cesar, guiada por el Espíritu Santo. Esto se obtiene en primer lugar por el testimonio de una fe viva y madura, educada precisamente para poder captar con claridad las dificultades y superarlas. Un testimonio insigne de esta fe lo dieron y lo dan muchos mártires. Esta fe debe manifestar su fecundidad impregnando toda la vida, incluso la profana, de los creyentes, y moviéndolos a la justicia y al amor, sobre todo hacia los pobres" (GS 21). Pedimos para nosotros la gracia de la fidelidad a Cristo, por encima de nuestras propias vidas, y gocemos con la alegría que viene del cielo y los mártires transmiten.