"¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" (Lc 19,38)

Jesús entra hoy en Jerusalén para dar su vida,
y con Él entramos en la Pasión, la Cruz y... con ojos nuevos, de fe,
entramos en el gran misterio de la Pascua de Resurrección,
la vida nueva y eterna, ofrecida por nosotros y por todos los hombres.

Es el significado profundo de la aclamación de los niños de Jerusalén,
y de los mayores, alfombrando las calles y aclamándolo:
"¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
Viene a nosotros como Rey de Paz,
portador de la salvación y la vida nueva para toda la humanidad.

¡Acojámoslo! ¡Abrámosle el corazón! ¡Pidámosle perdón y ayuda!
¡Pongamos a nuestras familias en su Corazón lleno de amor!
¡Pongámos la humanidad entera, los pobres, la paz... en su Corazón!

Este año la Pascua debe ser tiempo de oración
por el nuevo Papa Francisco que inicia un ministerio de servicio y amor
dándose por completo a su nueva misión a la que Jesucristo le llama.
También a él le decimos, como Cristo, el Buen Pastor:
"¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"

"¿Me amas?" le ha preguntado el Cristo de la Pascua,
a través de los Cardenales, y de toda la Iglesia.
Y el nuevo Papa ha respondido con prontitud:
"Señor, tú conoces todo, ¡tú sabes que te quiero!"
Y Cristo le ha confiado la Iglesia y la humanidad entera:
"¡Apacienta mis ovejas! ¡Sígueme!"

El ejemplo que acabamos de vivir de la elección/vocación del Papa,
tiene que ser un modelo a imitar por todos nosotros.
En este Año de la Fe, volvamos a decir:
"¡Señor ya creo, pero aumenta mi fe!"
Entremos en Jerusalén con Jesús, el Rey de Paz.
No seamos incrédulos, sino creyentes y confiados.
¡Pidamos la fortaleza de seguirle siempre,
de dar testimonio de la fe y de amarle por encima de todo!