Mn. Josep Boher Foix

El día 13 de agosto de aquel año triste para la historia de nuestra tierra, unos milicianos venidos de fuera se presentaron en La Pobleta y preguntaron por el siervo de Dios. Eran las primeras horas de la mañana. El presidente del comité local acompaño a la casa parroquial a aquellos visitantes "ilustres". Intercedió a favor de Mn. Josep. El resultado fue negativo. Fue detenido. Su delito: ser sacerdote.

Fue trasladado a La Pobla de Segur, a la sede del comité local. Allá se reunió con sus compañeros de martirio; sin ninguna clase de juicio, aquella misma mañana, fue conducido, con otros seis hermanos de ministerio, como un cordero mudo y manso, a las puertas del cementerio de Salàs de Pallars donde fue vilmente inmolado "in odium Christi" y por su condición sacerdotal.

El grito de "Viva Cristo Rey" coronó el martirio de este nuestro beato y de los otros seis hermanos de presbiterio. Creían, con una fe sin grietas, que Jesús era su Rey y Señor.

Arribà el mes de juliol de 1936 i amb ell l'esclat de la persecució religiosa. A principis del mes d'agost, uns dies abans de la seva immolació, va voler abandonar la Parròquia i de fet va fer-ho. No havia fet gaire camí quan un veí de la Pobleta anà al seu encontre per a comunicar-li el parer del President del Comitè Local, Josep Perati. No era necessària la seva fugida. Podia viure amb tota tranquil·litat a la casa parroquial, ningú el molestaria. Era un Pastor estimat pel seu poble. Davant d'això mossèn Josep tornà cap a la Pobleta.